Maireneros, maireneras:
Quiere esta Alcaldía, como cada fin de año, felicitar a sus convecinos y desearles los mejores auspicios para el año próximo.
En este cuyo fin nos proponemos celebrar, han ocurrido demasiadas cosas y demasiado graves, que no pueden soslayarse por mucho que nuestra tradición acostumbre a desear felicidad. El 2001 que se nos va, será recordado en las generaciones futuras. Los años queda signados por las desgracias y éste, formará parte de la nómina de los aciagos que permanecen en la memoria de las gentes durante siglos.Los terribles atentados contra las Torres Gemelas y las consecuencias bélicas posteriores (cuyo fin aún estamos por conocer) parecen haber inagurado una nueva manera de estar en el mundo, tanto para Occidente como para Oriente. El porvenir, este año más que nunca, es particularmente denso y no puede atisbarse lo que pueda ocurrir: carecemos de datos pasados que puedan ayudarnos a prever el futuro.
Sin embargo, la inclinación de esta Alcaldía no puede ser otra que la de desear un feliz tránsito de año a sus convecinos. Al fin y al cabo, la historia no parece ser otra cosa que una acumulación de desdichas y de abundante celebración de fiestas. Una cosa y otra han convivido durante generaciones, seguramente por la proximidad ya conocida entre el amor y la muerte.
El juego tradicional de Nochevieja, nos permite sumergirnos en un conflicto consistente en que, en la noche mágica, la muerte de un año es seguida de manera inmediata con el nacimiento de otro. Nos entristecemos por la marcha del que termina con la única intención de alegrarnos inmediatamente después con el nacimiento del que empieza. La simbología tradicional ha representado al año que se acaba como a un viejo próximo a la muerte y, al nuevo, como a un bebé que acaba de abrir los ojos.
A este juego de siempre, añadiremos este año el de la muerte de la peseta y el nacimiento del euro. La plácida peseta nos abandona para siempre y se va, cabizbaja, al paraíso en el que la esperan el ducado, los escudos, la onza, los cincuentines y el maravedí. En su lugar, aparece pujante y un punto presumido, el euro. Nuestra vida girará en torno a este recién nacido que, según todos los indicios, no viene con un pan bajo el brazo.
Esta Alcaldía, sabedora de que el pago de los impuestos municipales es un trago que los ciudadanos preferirían no tener que soportar, pondrá especial cuidado en que el traslado a la nueva moneda se haga en las condiciones más escrupulosas y, además, intentará que en el término municipal de nuestra ciudad, hagan lo mismo los mercaderes.
Consciente de que, junto con la extinción de la peseta, se perderán todos los dichos que a ella hacen referencia, esta Alcaldía quiere desear a los buenos ciudadanos de Mairena, ¡Salud y pesetas!
Mairena del Aljarafe a 31 de diciembre del 2001
 Antonio Martínez Flores ALCALDE |